Por qué la tecnología es tan aburrida
Desde que el escenario tecnológico comenzó a declinar en 2000, nada emocionante ha ocurrido, y hay que preguntarse cómo, después de 25 años de sorpresas crecientes (de 1975 a 2000), las cosas simple y llanamente comenzaron a deteriorarse. No hay una sola causa de la depresión continua, sino que cuatro cosas se destacan como las raíces del problema. Examinémoslas.
El fiasco del Y2K. El bug del año 2000 fue el principio del fin, y tal vez el mayor factor que contribuyó al colapso dot com. Desde entonces la mayoría de la gente se ha olvidado de la conversión al año 2000, y de cómo los alarmistas atrajeron la atención con su alboroto durante dos años prolongados. Las computadoras de todos los rincones del globo habrían dejado de operar el primero de enero de 2000, según dijeron, porque la calendarización integrada al software provocaría un borrón y cuenta nueva de la fecha al pasar de 99 a 00.
Se escribieron libros en torno al tema. Se vendieron seminarios relativos al mismo. Todos despilfarraron sus recursos remediando el problema al oír que hasta el suministro eléctrico estaba en riesgo y que podrían ocurrirle cosas malas a la estructura monetaria del mundo. Se trataba de un escenario catastrófico, y se invirtieron millones de dólares en el problema.
Total que llegó la Noche Vieja y se fue, ¡y no pasó nada! El mundo no llegó a su fin. Nada les sucedió ni a los sistemas de suministro eléctrico ni a los bancos ni a nada de lo predicho previamente. Mientras tanto los fanáticos del Y2K aseguraron que la razón por la que nada aconteció fue que ellos habían sonado la alarma, y que todo se resolvió antes del año nuevo; pero nadie se tragó su argumento.
Opino que este desacontecimiento atrajo la atención al factor de las imbecilidades en la comunidad tecnológica, provocando así el escepticismo ante las afirmaciones dudosas. El fracaso de la materialización del Y2K tal como lo auguraron los expertos minó la confianza del público. En cuestión de pocos meses comenzó el colapso dot com, y el escenario tecnológico no se ha recuperado jamás. Los siguientes incidentes exacerbaron el problema.
El monopolio de Microsoft. Nada de lo que ocurrió luego del año 2000 recibió la ayuda del monopolio de Microsoft. El público logró ver el testimonio antimonopólico de Bill Gates. Éste vacilaba y se estremecía en varios videos, haciendo parecer otra vez como si las cosas estuvieran amañadas en perjuicio de los usuarios. Microsoft no fue un buen ciudadano corporativo; pero no nos quedó más remedio: estábamos literalmente atrapados en sus productos sin ninguna alternativa real salvo PC Macintosh costosas o las distros de Linux inutilizables de esa época.
Nada de esto habría sido malo si Microsoft hubiera hecho algo interesante una vez que ganó la posición de dominancia. A la fecha la funcionalidad de cualquier producto de MS a duras penas es superior a la de Windows 2000 o el paquete Office 2000. Comparen los diez años de dizque innovación de 1990 a 2000 con la depresión de 2000 al presente. Todo lo que Microsoft logró hacer fue adoptar la palabra innovación como lema, con la esperanza de que nadie notara que lo único que hacía la compañía era ordeñar a las vacas del dinero.
Luego llegaron los tiros de gracia.
Sarbanes Oxley. La situación se puso más feicita en 2002. Después de los timos de Enron y MCI, el gobierno de los Estados Unidos promulgó una ley onerosa llamada Sarbanes Oxley. En esencia esta ley tomó la carga de mantener la honestidad de las compañías alejándolas de las firmas contables, añadiendo de paso capas de informes y gastos generales a una corporación estadounidense que básicamente le quitó como el 4 por ciento de sus ganancias para acatar la ley. Ésta acabó con el mercado de ofertas públicas de venta que las pequeñas empresas innovadoras utilizaban para captar fondos para crecer de manera sostenida. Lo único que podía esperar una compañía pequeña era que Google o Microsoft la comprara.
Esta única ley, que debería rechazar por completo, es responsable de todo lo malo que ha ocurrido en el mundo de la tecnología. Lo irónico es mientras diezmaba el escenario para proteger al público de las fechorías corporativas, no hizo absolutamente nada para proteger ni al público ni a los accionistas durante el colapso financiero mundial actual. Noten cómo nadie mencionará lo inútil que resultó durante las crisis económicas que ahora padecemos.
La muerte de la Comdex. La última Comdex se celebró en 2003, y entonces la expo quedó en suspenso. Ahora ya quedó en el olvido. Tal vez fue lo mejor: la industria tenía que consolidarse, pues la ley Sarbanes Oxley impidió que muchas compañías emergieran. Únicamente Google ha acaparado mucha atención pública en la última década. Cuando desapareció la Comdex, se llevó consigo la única conferencia auténtica de redes interpersonales del mundo, donde todos conseguían encontrarse y saludar a los demás. Desde su fin, tan sólo algunas conferencias nichos y de intereses especiales posibilitan esta clase de intercambio intelectual. Esto por sí mismo ha perjudicado la psique tecnológica colectiva más que cualquier otra cosa.
Y, aquí entre nos, Internet en realidad no ha contribuido a contrarrestar ninguna de estas tendencias.
Así que ¿y ahora qué hacemos? Siempre podemos mantener la esperanza en la desaparición de Microsoft y el surgimiento de una Comdex nueva; pero ambos hechos son improbables. Nadie parece interesarse en acabar con la Sarbanes Oxly. Y el Y2K ya quedó en el olvido y ahora no significa nada. Al parecer nada habrá de cambiar. Bueno, siempre quedan el iPhone y Linux para animarte. Nada más tendremos que esperar a que esto se solucione. Quizás en otros diez años mejore el panorama.












